RESTAURANTE CON RUIDO: MAL SABOR DE BOCA…

RESTAURANTE CON RUIDO: MAL SABOR DE BOCA…

CUATRO

Todo el mundo se ha encontrado algún día en una mesa con familiares en un restaurante donde el ruido hacía imposible mantener una agradable conversación a cualquier distancia. En estos casos, suelen plantearse dos situaciones para este tumulto. Primero, los que quieren seguir hablando atrapados en un sonido creciente y agotador: deben levantar la voz cada vez más tratando de que sus palabras emerjan del ruido de fondo y poder ser escuchados por sus convecinos. Por otra parte, están los que tienen problemas de audición, o que, simplemente, no son capaces de levantar la voz, y se retiran dejando de pronunciar cualquier palabra hasta el final de la comida.

Estas molestias no son inevitables, claro está. Se deben a la mala acústica del lugar y uno de los fenómenos físicos del sonido menos conocidos: la reverberación. Se dice que una habitación es reverberante cuando las ondas sonoras se reflejan en las paredes, el suelo, el techo, las ventanas, las mesas, etc. y prosiguen con su difusión tras el final de su emisión, sumándose así al ruido de fondo. En un lugar público, que acoge a mucha gente, esto es un auténtico desastre. Un buen confort acústico requiere de hecho que los sonidos sean absorbidos por las paredes. Este problema afecta tanto a aspectos sociales y arquitectónicos como médicos, artísticos o normativos.

En un restaurante, la acústica es a menudo considerada como la quinta rueda del carro por los arquitectos. El confort acústico está empezando a hacerse un hueco tímidamente y a tomarse en cuenta por los profesionales y también por los usuarios.

No existe una solución predefinida para mejorar la acústica de una habitación demasiado ruidosa. Depende de la arquitectura de la habitación y de su uso. Las oficinas con espacios abiertos, por ejemplo – esas plataformas donde debemos, al mismo tiempo, llamar a alguien por teléfono tranquilamente y/o comunicarse con su vecino sin molestar a los demás – plantean problemas muy particulares. Algunos instalan bandas o nubes de lana mineral recubiertas con una protección de celulosa tratando de forrar el techo. Otros plantean cortinas laminadas y acolchadas de espuma para las numerosas ventanas que suelen caracterizar este tipo de locales. Al contrario de lo que cabría imaginar, el vidrio lo es todo menos un material absorbente. Por tanto, estas soluciones van encaminadas a la retención de las ondas sonoras.

Workers from Dreamhouse Decorating install sound-absorbing panels Monday, Aug. 25 2014 in the ceiling of Boltwood, an Evanston restaurant. From left are Acirelijus Buinickas, Dennis Venslavicius and Gary Mizaras. (Chris Walker/Chicago Tribune)  From left are B583963470Z.1 -dining-09818-noisy-restaurants ....OUTSIDE TRIBUNE CO.- NO MAGS,  NO SALES, NO INTERNET, NO TV, CHICAGO OUT, NO DIGITAL MANIPULATION...

PBM ENGINEERING propone un estudio del Tiempo de Reverberación y a continuación la venta y puesta de soluciones, “llave en mano” a precio asequible para todos con materiales de primeras marcas. Los resultados son técnicamente impresionantes, pero económicamente atractivos… ¡¡¡Si los clientes no tienen prisa por salir del local, consumirán más!!! Cualquier hostelero sabe de lo que está hablando…

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Con una solución absorbente y bien diseñada estéticamente, en lugar de rebotar en las ventanas a modo de una mesa de ping-pong, las ondas son absorbidas por la lana mineral u otro material que se haya dispuesto. ¡Este fenómeno físico produce hasta calor aunque, por supuesto, no lo suficiente como para calentar una habitación! Cuando la sala está llena, partiríamos de unos 80 decibelios (dB) para llegar a 65 dB si hubiese un tratamiento acústico adecuado. Esta reducción es significativa, ya que 10 dB menos corresponde a una percepción del sonido doblemente inferior. No es necesario ni deseable ir más bajo dado que el nivel mínimo de la voz hablada es de 65 dB. ¡La gente se siente mucho mejor en estas condiciones, y evidentemente la comida sabe a gloria!

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